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El encaje se impone este otoño: cómo integrar la tendencia más sofisticada en tus estilismos diarios

El encaje vuelve a las calles y, según el reportaje que El Español publicó esta semana, lo hace sin pedir permiso al protocolo que durante décadas lo recluyó entre lencería fina, alfombras rojas y…

El encaje se impone este otoño: cómo integrar la tendencia más sofisticada en tus estilismos diarios

El encaje vuelve a las calles y, según el reportaje que El Español publicó esta semana, lo hace sin pedir permiso al protocolo que durante décadas lo recluyó entre lencería fina, alfombras rojas y armarios de señora respetable. La temporada otoño-invierno 2026/2027 lo rescata de la discreción nocturna y lo pasea por la oficina, el brunch y, si la autoestima lo permite, por esa cena que llevas semanas postergando. Fendi, Chanel, Saint Laurent, Zimmermann, Stella McCartney y Zadig & Voltaire ya han firmado su sentencia estética: la transparencia dejó de ser un escándalo para mutar en ejercicio de cálculo.

Del boudoir al asfalto, con amnesia selectiva

Conviene recordar que el encaje fue durante el siglo XIX el carnet de identidad de la burguesía europea: mientras las clases populares se conformaban con algodón resistente, las mujeres "decentes" exhibían metros de punto elaborado a mano como prueba de que no necesitaban mancharse las manos. La ironía es deliciosa —el tejido que simbolizaba contención y estatus regresa hoy disfrazado de rebeldía suave, convenientemente desclasado y listo para el consumo masivo. El propio reportaje recuerda que entre 2010 y 2016 el encaje ya colonizó festivales tipo Coachella y discotecas de saldo; vuelve ahora con ínfulas de sofisticación, "más madura", dicen, porque la millennial adolescente de entonces ya paga hipoteca. Yo lo llamo reciclaje con etiqueta premium.

La nueva sensualidad del "casi"

El texto de El Español señala un giro interesante: ya no se trata de enseñar piel a destajo, sino de insinuar. La clave está en las capas —la americana oversize sobre el vestido lencero, la camisa XL que apenas deja adivinar lo que hay debajo, la falda de encaje combinada con una sudadera que ningún estilista serio habría aprobado hace cinco años. El contraste, sostiene el reportaje, forma parte de la ecuación del atractivo. Es el viejo truco del "cuanto más oculto, más potente", reconvertido en manual de estilo aspiracional. Mientras tanto, el regreso del push-up completa el cuadro: la lencería asoma con descaro bajo la ropa de calle, y eso, nos dicen, merece "una conversación". Qué conveniente: siempre que la industria necesita justificar su fetichismo, aparece la palabra "conversación" como salvoconducto intelectual.

Lo que conviene vigilar antes de salir a la calle

Tres pistas para no caer en el ridículo disfrazado de tendencia. Primero, layering con cabeza: el encaje pide estructura, no parecer salida de un probador con prisas. Segundo, proporción: la cantidad de tela transparente debe dialogar con la opacidad del resto, no sumarse a ella en un orgía de estampados. Tercero, contexto —porque no es lo mismo el encaje en una cena en Malasaña que en una junta de vecinos, aunque Instagram sugiera lo contrario. Las Mary Jane de Flabelus disponibles en Cortefiel que menciona el reportaje son, por cierto, el compañero perfecto: ese punto naïf que la estética burguesa del XIX jamás tuvo y que el street style ha decidido apropiarse con absoluta desvergüenza. Tiempo al tiempo: en seis meses veremos qué sobrevive al filtro del asfalto y qué acaba en el contenedor de las modas que sólo existieron en pantalla.