Tendencias primavera-verano 2026/27: las claves de estilo que marcarán la próxima temporada
Según el análisis de WGSN para la temporada de Moda Femenina S/S 27, las pasarelas internacionales ya han dictado qué se llevará en primavera-verano 2026/27, y como siempre, prometen reinventar la…

Según el análisis de WGSN para la temporada de Moda Femenina S/S 27, las pasarelas internacionales ya han dictado qué se llevará en primavera-verano 2026/27, y como siempre, prometen reinventar la rueda mientras repiten las mismas obsesiones con distinto envoltorio. El sector, dicen los analistas, se mueve entre el glamour rebelde herencia de Saint Laurent y un romanticismo blando aderezado con nostalgia kitsch. Traducido al castellano de calle: todo a la vez, nada concreto, y que cada uno se busque la vida con lo que tenga en el armario.
Cuatro narrativas para una sola temporada
WGSN identifica cuatro discursos que coparán las próximas pasarelas de mujer. El primero, glamour rebelde, combina siluetas ajustadas, tiros bajos y abrigos sueltos de cuero, con estampados animales renovados —leopardo y serpiente en satenes oscuros— y un guiño explícito a las supermodelos de los años 2010. La segunda narrativa, Expresión Libre, subvierte los códigos suburbanos a base de nostalgia kitsch, loungewear y una estética que mezcla moda con decoración de interiores: tonos pastel, florales oníricos y mezcla de estampados como declaración de individualidad. La tercera, city prep, ablanda la sastrería clásica hasta convertirla en algo diario: lunares, cuadros y motivos pañuelo actualizados mediante superposiciones sutiles. La cuarta, el romanticismo de inspiración heritage, devuelve los vestidos slip traslúcidos, los conjuntos de encaje y los maxivestidos fluidos con volantes suaves y asimetrías deliberadas.
Revista OHLALÁ! lo resume en dos polos más fáciles de digerir: feminidad romántica —encajes, transparencias y rosa soft— frente a estética urbana y técnica. El truco que recomiendan desde la pasarela es cruzar códigos: náuticos con medias visibles, rosa pastel con accesorios rockeros. La gracia está en esa mezcla, o admitámoslo, en el viejo truco de la industria para que compremos doble cubriendo dos estéticas a la vez.
Lo que conviene pillar de todo esto (y qué dejar)
Antes de lanzarse a renovar el armario, unos cuantos aterrizajes útiles. Las rayas XL que vuelven como estampado estrella funcionan mejor en una sola prenda protagonista —una camisa oversize o un vestido— combinada con básicos lisos; si el estampado es grande, todo lo demás cede. Las transparencias ya no son territorio exclusivo de la noche: una camisa traslúcida sobre una musculosa básica resuelve el look diurno sin disfraz, y las prendas con sectores translúcidos puntuales son la entrada más discreta. El rosa soft da mejor en dosis pequeñas al principio —pañuelo, camisa, un accesorio— antes que en mono total, salvo que el plan sea ir uniformada. Y los estampados animales del glamour rebelde, leopardos y serpientes en versión oscura, mejor en una sola pieza por look; en dosis altas cansan antes de llegar al bar.
Lo demás —siluetas ajustadas con tiros bajos, loungewear decorativo o sastrería blanda— es cuestión de medir qué proporciones tenemos y cuánto queremos empujar la balanza hacia un lado u otro. La temporada, como casi siempre, se la quedará el algoritmo de Instagram.