Zapatillas técnicas: cómo combinar el calzado de montaña en tus estilismos urbanos
Según Radio Mitre, las zapatillas Salomon han dejado de vivir exclusivamente en el territorio del trekking y se han instalado en el street style.

Estas son las zapatillas que ganarán terreno en primavera-verano: técnica, sastrería y algo de ruido urbano
La clave de la tendencia está en llevar calzado técnico con vestidos, faldas y prendas de sastrería. No es una revolución absoluta —la moda lleva años intentando domesticar la estética outdoor—, pero sí una señal clara de hacia dónde se mueven las proporciones urbanas.
Mientras tanto, Revista OHLALÁ! sitúa estas propuestas dentro del clima de BAFWEEK, donde las pasarelas de primavera-verano 2026/2027 reúnen estilos náuticos, denim, corsetería, transparencias, grunge y códigos urbanos. La conclusión no es que exista una única zapatilla obligatoria. La conclusión, menos rentable para el algoritmo, es que la temporada viene marcada por la mezcla.
La zapatilla técnica sale del sendero
La silueta de Salomon funciona aquí como una pieza de contraste. Su lenguaje visual procede del equipamiento técnico, pero la pasarela y el street style la desplazan hacia prendas que, en principio, pertenecen a otro registro: vestidos, faldas y sastrería.
Ahí está el interés real. No se trata simplemente de ponerse unas zapatillas deportivas con cualquier cosa y declarar que eso es estilo. La operación consiste en enfrentar dos códigos: la precisión funcional del calzado técnico contra la estructura más pulida de una americana o el movimiento de un vestido. Cuando la mezcla funciona, el resultado evita el exceso de formalidad sin caer necesariamente en el chándal de domingo.
Cuando no funciona, parece exactamente lo que es: una tendencia fabricada para ser fotografiada.
Mi criterio para leerla es sencillo. La zapatilla debe aportar una tensión visible, no convertirse en un accesorio neutro que se añade al final. Si todo el conjunto ya habla el idioma deportivo, desaparece el contraste y con él buena parte de la gracia. La moda necesita fricción; la comodidad, por sí sola, no construye una silueta.
BAFWEEK confirma que la temporada no va de una sola estética
Las primeras jornadas de BAFWEEK, que celebra sus 25 años, han reunido propuestas de firmas como Lulú Martins, Kosiuko, Decrisci, Las Pepas, Valentina Schuchner, Pucheta Paz, Luján Sáez, Luz Ballestero, Top White y Delfos, según Revista OHLALÁ!. El material disponible describe una temporada deliberadamente plural, con cruces entre moda, diseño, sostenibilidad e innovación.
Ese contexto importa porque impide leer las Salomon como una tendencia aislada. Conviven con el denim, el grunge, las transparencias o la sastrería. La pasarela no está imponiendo un uniforme; está legitimando una lógica de combinación. El zeitgeist, por una vez, no llega con una sola paleta ni con una única silueta de archivo resucitada para generar viralidad.
Para quien quiera trasladarlo al armario, la pista más útil es también la menos espectacular: probar el calzado técnico con una prenda de apariencia más arreglada. Vestido, falda o sastrería son los tres territorios señalados por la información disponible. No hace falta convertir el look en una expedición alpina ni disfrazarse de atleta urbano. La zapatilla ya lleva suficiente discurso incorporado.
El veredicto: tendencia interesante, pero no mandato
Las Salomon pueden ganar presencia en los looks de primavera-verano porque condensan varias obsesiones actuales: rendimiento, calle y una estética deportiva que ya no acepta quedarse en el gimnasio o la montaña. Pero que una tendencia avance no significa que deba ocupar todo el armario. Nosotros consumimos novedades como si cada pasarela trajera una obligación de compra. No la trae.
La opción más sólida es comprobar si el contraste mejora de verdad la proporción del conjunto. Si la zapatilla técnica aporta estructura y rebaja la formalidad con intención, hay una idea de estilo. Si solo aparece para demostrar que se está al día, queda la viralidad y poco más.
La temporada que dibuja BAFWEEK parece ofrecer margen para elegir. Conviven demasiados códigos como para hablar de una única dirección. Esa es la noticia útil: no hay que perseguir una estética completa. Basta con decidir qué elemento —la zapatilla, la sastrería, el vestido o el denim— quiere llevar el mando.